16 jun. 2004

¿Show Time?


Lucho por dilucidar si es que soy un carca nostálgico o si es que, realmente, la NBA de ahora es bastante pobre.

Uno se hizo aficionado a este maravilloso deporte gracias a Ramón Trecet y su 'Lluvia de Estrellas' (o algo así creo que se llamaba) y gracias a un gran crack: Randy Owens. Un jugón que vino al CB Murcia (entonces Juver) para abrirnos los ojos de la diferencia abismal entre el fútbol y el baloncesto. Por aquel entonces yo jugaba al fútbol, de portero, eso sí, pues me gustaba más jugar con las manos que con los pies, y este negrito de más de dos metros en un mundo baloncestístico de pequeñajos de 1'90, me hizo ver lo apasionante, rico y plástico del deporte de la canasta.

Por aquel entonces, los viernes por la noche los ojos se hacían platos la ver a un tipo de 2'05 botando el balón y corriendo el contraataque como ningún pequeñajo español soñaría con hacer jamás. Eran épicos los encuentros entre aquellos Lakers de ensueño y los Celtics de Bird y compañía. Era el Show Time.

Después vendría Jordan, quien, casi él solito, aguantó durante unos años más la magia de la competición norteamericana.

Confieso que ahora veo muchos menos partidos de NBA. La vida adulta, los compromisos laborales y familiares, etc. Pero la verdad sea dicha, que salvo los ilusionados momentos del debut y primeros pasos de Gasol y López, los partidos NBA que he visto estos últimos años me dejan un sabor amargo.

Veo, como dirían los impagables Siniestro Total, mucho músculo y poco cerebro. Son efectivos, en buena parte de los casos, pero a la fuerza bruta. Hay cuatro perlas en un mar de carne de gimnasio. Me aburro como una ostra con esos partidos. También es verdad que uno ya no tiene el cuerpo para quedarse hasta las 4 de la mañana esperando un partido de esos, pero es que tampoco la sensación mejora con las repeticiones diurnas.

Detroit se ha impuesto a los Lakers en una final de la que apenas aguanté dos ratos antes de cambiar de canal o quedarme dormido.

Estoy convencido de que si en la NBA se pasaran los convencionales controles antidopping que se hacen en Europa la distancia Europa-NBA pasaría de ser kilométrica, como hasta hace pocos años, a ser un pasito.

O tal vez no, tal vez soy un antiamericano rancio al que le gusta el carca baloncesto Europeo. Puede ser, pero no cambio un partido cualquiera ACB por una final NBA como la que hemos tenido este año.