6/1/2011

¿Haber sido jugador profesional garantiza ser un buen entrenador?

Estos días a través de Twitter hemos tenido un pequeño debate acerca de si el hecho de haber sido jugador profesional significa una garantía de éxito cuando se pasa a ejercer el papel de entrenador. Y me he quedado con ganas de comentar el tema con más detenimiento.

En principio, la respuesta a la pregunta del título de esta entrada, en mi opinión, debería ser un "depende", pues realmente depende de varias cosas. Veamos.

El hecho de que un jugador haya pasado más de 20 años de su vida jugando al baloncesto tiene que garantizar necesariamente unos mínimos en cuanto a conocimiento de la metodología de entrenamiento, ejercicios, el juego en general, etc.Eso es innegable. Otra cosa es que en todos los casos esos 20 años reporten un conocimiento profundo del baloncesto, que es una de las premisas fundamentales para ser un buen entrenador de élite.

No obstante, hay jugadores que, pese a estar 20 años jugando al baloncesto, a duras penas conocen los rudimentos del juego y que siempre lo han pasado mal para aprenderse las jugadas o tomar decisiones durante el juego. Hay muchos más de esos de lo que parece. Pero hablamos de jugadores con un talento excepcional para una o varias facetas del juego (el tiro, la defensa, la técnica individual en general, el rebote...) que les han hecho merecedores de un hueco en la élite PESE a sus limitaciones en el resto de facetas, siendo la más habitual (y delicada en este contexto) el conocimiento del juego.

Puede que nos sorprendiera ver que grandes jugadores que han pasado por las mejores ligas en realidad saben bastante menos de baloncesto de lo que uno se pueda imaginar. De hecho, el éxito de cara a la galería no siempre tiene que ver directamente con el conocimiento del juego. Es ese el tipo de jugador que no llega a ser gran entrenador, que como jugador ha sido una estrella pero que no reúne las condiciones para ser bueno como entrenador, aunque para la mayoría de la gente su habilidad destacada haya camuflado bien sus carencias.

Es, por tanto, el conocimiento del juego uno de los factores clave que creo que determina si un jugador de élite podrá ser también un entrenador de élite. Otro fundamental, sin duda, es su carácter, su capacidad de liderazgo, de comunicación y empatía.

Queda claro, por tanto, que el haber vivido el baloncesto desde dentro como jugador, es un valor positivo de cara a dar el salto al terreno del entrenador, pero sólo será un factor determinante si ese jugador ha sido de los que ha entendido bien el baloncesto y no de los que se ha limitado a ejecutar los sistemas o conceptos que se le han ido enseñando con los años.

Por otro lado, está el otro grupo de entrenadores, el entrenador no-jugador, aunque en sentido puro casi no existe. Es decir, la mayoría de entrenadores no ha sido jugador de élite, pero eso no quiere decir que no haya intentado ser jugador pese a tener unas condiciones naturales pésimas para la práctica de este bello deporte. Casi ningún entrenador ha sido entrenador directamente sin intentar, un poco al menos, ser jugador. Luego, en este mundillo el que más y el que menos ha sido jugador, aunque sea malo y por poco tiempo.

Ahora habría que determinar hasta qué punto es un plus haber sido jugador de élite respecto a haber sido un jugador mediocre, pues el argumento que se suele aportar es el de conocimiento del vestuario, las rutinas de trabajo, etc, cosa que hasta siendo mediocre como jugador se puede conocer.

Este grupo de entrenadores (los que nunca llegaron a nada como jugadores) tiene a su favor el haber estado desde bien jovencitos estudiando el juego, sabedores de que en el futuro su única posibilidad de vivir baloncesto de buen nivel sería como entrenador y no como jugador.

Los jugadores que pasan a entrenadores suelen tenerlo más fácil que los que no lo han sido a la hora de encontrar oportunidades de trabajo. Pero ahí creo que se puede hacer al menos dos grandes grupos:

  • Los jugadores de talento, grandes conocedores del juego, estudiosos del baloncesto ya como jugadores, que con muy poca experiencia previa aprovechan la primera ocasión que se les brinda para colocarse en la élite y permanecer en ella.
  • Los jugadores que no han tenido ese talento pero sí una gran habilidad para algo y han triunfado como jugadores, pero a los que les falta ese conocimiento del juego, a los que una oportunidad demasiado prematura para dirigir un equipo de élite no sólo no les ayuda, sino que puede abocarles a un fracaso que de al traste con una carrera de entrenador que, si no excelente, sí podría haber sido digna, e incluso muy buena en su tramo final, de haber ido cumpliendo etapas una a una, madurando con calma y entrenando en el nivel adecuado a su capacidad real en cada momento.
Entre los entrenadores del primer grupo se me vienen a la cabeza rápidamente unos cuantos: Obradovic, Giannakis, Ivanovic, Pablo Laso e incluso Pesic.Todos ellos pasaron  de ser jugadores de élite a ser entrenadores de élite casi sin solución de continuidad. Y todos ellos fueron jugadores que en la pista jugaban tanto con la cabeza como con el cuerpo y, además, eran líderes en la pista. Muchos de ellos, como Obradovic por ejemplo, ya compatibilizaban el trabajo de entrenador con el de jugador, y tenían muy claro que serían entrenadores cuando colgaran las botas, o incluso antes, como Ivanovic, que fue jugador-entrenador durante varios años.

Luego hay otro grupo de ex jugadores pasados a entrenadores que quizá habrían necesitado un proceso de maduración más lento antes de intentar abordar la élite, o incluso algunos que directamente deberían haberse dedicado a otra cosa pero aún andan dando vueltas en esto del baloncesto por mor de un nombre y un prestigio que un día tuvieron como jugadores. Quién necesitaría maduración y quién haberse dedicado a otra cosa es algo que sin un conocimiento cercano es difícil de concretar en nombres y apellidos. Pero el tiempo suele ser buen aliado a la hora de poner a cada uno en su sitio, pese a las injusticias fruto de la buena o mala suerte que suelen acaecer en esta vida.

Otro grupo interesante de mencionar sería el de los jugadores actuales que terminarán siendo no dentro de mucho grandes entrenadores o que podrían serlo si tuvieran vocación de entrenador. La mayoría que se me ocurren son bases, lo que enlaza con el debate de cuánto de prolongación del entrenador en la pista es el base. Así, a bote pronto: Papaloukas, Prigioni... Pero la verdad es que con los bases es más fácil hacer esas predicciones en tanto que su posición en la pista ya le acerca a la figura del entrenador. Carlos Jiménez también es un jugador que en la pista demuestra conocer muy bien el juego para sacar partido a detalles de táctica defensiva y ofensiva. Otros jugadores o ex jugadores, en cambio, no demuestran tras su hosco estilo de juego tener ese tipo de condiciones que luego sí resultan tener, como es el caso de un entrenador amigo mío que como jugador nunca se caracterizó por ser precisamente un fino estilista pero que sí está demostrando ser un gran entrenador (aunque aún no en la élite élite propiamente dicha, que ya llegará)..

Otros futuribles de los banquillos de élite incluso tuve el placer de tenerlos de compañeros en el Curso de Entrenador Superior, como Lucio Angulo y Germán Gabriel, quienes creo que serán al poco de retirarse grandes entrenadores y no por su nombre, sino por sus dotes para ser entrenador.

Otra cuestión, que daría para bastantes más líneas, sería la de los criterios que se siguen para dar esas oportunidades, si se basan en la presunción de talento o méritos acumulados o si no siempre los criterios deportivos son los que hacen merecedor a un entrenador de esa oportunidad. Se supone que el ser fiel a unos principios debería ser un plus, pero en algunos casos hemos visto como eso se ha vuelto en contra de gente con talento que termina abocada al ostracismo simplemente por no venderse. Pero ese es otro tema que da para largo.

En definitiva, haber sido jugador de élite en sí mismo no garantiza más que unos mínimos, demasiado poco para pasar directamente a la élite si no se tienen además las cualidades adecuadas, que no son necesariamente ser un excepcional triplista. Llevar toda la vida estudiando el juego, pese a no haber jugado en élite, creo que es un valor muy a tener en cuenta, aunque para los que no tienen un nombre detrás suele ser más difícil encontrar oportunidades.

4 comentarios:

Juanjo Aznar dijo...

Buena entrada. En definitiva para ser entrenador de elite hay dos condicionantes: conocimiento del juego y la oportunidad para demostrarlo,... como la vida misma.
Un abrazo

Juan Carlos García Gómez dijo...

Brutal resumen, Juanjo, sí. Jajaja.

Óscar Gaspar dijo...

De esto mismo hablé yo el otro día en mi blog. Puedes leer los comentarios de la gente.
http://sobrelabocinablog.blogspot.com/2010/12/debate-deben-ocupar-los-exjugadores-tan.html

Si la pregunta es si te garantiza yo creo que no. Garantizar es demasiado estricto, como una obligatoriedad. Yo creo que ayuda bastante, pero también depende de la capacidad de manejar el vestuario, de la experiencia previa en partidos o situaciones límite, etc..

Hay de todo. Como exjugadores está Obradovic con 5 euroligas y Galilea que lo despidieron de Cornellá. Cara y cruz.

Por el lado contrario tenemos a Xavi Pascual que arrasó este año sin experiencia como jugador profesional.

Yo creo que se puede ser muy buen entrenador si se tienen las condiciones necesarias habiendo sido o no exjugador profesional. Lo que me molesta es que lo tengan más fácil que el resto para progresar y a algunos los pongan tan rápido en equipos importantes. Tienen mucha más publicidad.

Saludos.

José Felipe Coello Fariña dijo...

Juan Carlos creo que los dos comentarios que tienes en la entrada resumen muy bien lo que pienso sobre esto.
Juanjo Aznar da en el clavo en que sin el conocimiento necesario, independientemente de haber jugado o no, y la posibilidad de demostrarlo es imposible. Y como él dice es como la vida misma, yo siempre hago el simil de que baloncesto y la vida van unidos de la mano y eso va desde saber meter, el balón por supuesto, a los pasos anteriores para hacer lo correcto.
Luego Óscar da en el clavo en otro aspecto importante que es las oportunidades que tiene un exjugador importante que muchos grandes entrenadores no llegan a tener nunca. Creo que Gallis, ya que lo cita en su comentario, no ha tenido las oportunidades que han tenido otros tras sus primeros tropiezos importantes, casos de Orenga con la Feb por ejemplo tras su fiasco en el Estudiantes o del propio Pablo Laso, que me parece muy buen entrenador, tras su caida en Valencia.
Yo creo firmemente en el entrenador español, hubiera jugado profesionalmente o no anteriormente, pero está claro que el haber jugado al máximo nivel es una ayuda extra en muchísimos casos.