9 ene. 2011

La nueva línea de saque tras tiempo muerto final da mucho juego

¿Qué da tiempo a hacer en seis décimas de segundo sacando desde pista trasera?. Normalmente da para lanzar un balón a la desesperada desde 20 metros y rezar para que vaya dentro, cosa que ocurre una vez de cada varios cientos de intentos. Pero con la nueva regla de saque tras tiempo muerto en los últimos dos minutos nos da para hacer un último lanzamiento más o menos normal, con el que la probabilidad de anotar ya no es infinitesimal, sino bastante razonable, lo que permite vuelcos de ultimísima hora en partidos igualados.

Las nuevas normas implicadas en este asunto son las que marcan la nueva línea de saque en pista delantera en la prolongación de la línea de tres puntos (a 8,325 m. de la línea de fondo), la que señala que en los dos últimos minutos tras tiempo muerto si se tiene posesión se saca desde la mencionada línea, y la que señala que si quedan 3 décimas de segundo o menos sólo se puede palmear o hacer un mate.

En concreto hablamos de los artículos 2.4.6, 17.2.4. y 16.2.5:
2.4.6. Líneas de saque
Las dos (2) líneas de 0,15. metros de longitud se trazarán fuera del terreno de juego, en la línea lateral enfrente de la mesa de oficiales, con su borde exterior a una distancia de 8,325 metros del borde interior de la línea de fondo más próxima.

17.2.4 Durante los dos (2) últimos minutos del cuarto (4º) periodo y durante los dos (2) últimos minutos de cualquier periodo extra, después de un tiempo muerto concedido al equipo que tiene derecho a la posesión del balón en su pista trasera, el saque se administrará en la línea de saque en su pista delantera, enfrente de
la mesa de oficiales.

16.2.5 El reloj de partido debe reflejar por lo menos 0:00.3 (tres décimas de segundo) para que un jugador pueda obtener el control del balón tras un saque o un rebote después del último o único tiro libre y lanzar a canasta. Si el reloj de partido refleja 0:00.2 o 0:00.1, el único lanzamiento de campo válido deberá ser un
palmeo o un mate directo del balón.

Ilustramos esta situación con un final de partido de hace unas semanas. Liga EBA, Almassera vs Alfaz del Pi. A falta de 30 segundos Almassera gana de dos puntos, Alfaz tiene pedido un tiempo muerto a la mesa pendiente de adjudicar (el último de los tres disponibles). Alfaz roba balón y anota canasta al contraataque, empatando el partido y Alfaz anula el tiempo muerto pedido.

Es entonces cuando Almassera pide tiempo muerto a falta de 17 segundos para preparar un último ataque. El ataque de Almassera ya en los segundos finales no acaba en canasta y cuando Alfaz intenta lanzar un último contraataque Almassera hace falta aún en las inmediaciones del aro de Alfaz con el marcador en 0,6 segundos para la finalización. Quini García, entrenador de Alfaz, hace entonces uso de ese último tiempo muerto disponible para preparar una última jugada. Eso sí, no sacando desde pista trasera o centro de campo como ocurría antes, sino desde la prolongación de la línea de tres en pista delantera.

Con 0,6 segundos la duda es si preparar un tiro normal o buscar un palmeo. Según el reglamento daría tiempo a hacer un tiro normal, pero el riesgo de que los árbitros no lo dieran dentro de tiempo es alto, con lo que Alfaz busca un palmeo cercano al aro. Un bloqueo ciego de exterior a interior mientras el balón vuela por el aire, sin dar tiempo siquiera a que el cambio de defensores pudiera interceptar el balón que daría la victoria a Alfaz del Pi. Este equipo, tras la llegada de Quini García al banquillo en el último tramo de la pasada campaña, parece haberse especializado en ganar finales apurados, tanto es así que logró el ascenso a LEB Plata la pasada campaña a base de ganar finales apuradísimos en las eliminatorias por el ascenso. Una lástima que la falta de presupuesto les haya forzado a volver a salir en EBA y que sean los de siempre, los que tienen dinero, los que hayan ocupado una plaza que deportivamente no les correspondía. Ley de vida. Supongo.

Veamos el video en cuestión:



La primera reflexión que se me ocurre sobre este final es la innecesaria falta de Almassera a falta de 0,6 segundos para el final que propició que el último cuarto terminara con saque desde la prolongación del triple en lugar de con un lanzamiento a la desesperada desde pista trasera, probablemente fuera de tiempo. Pero claro, entiendo que ahí era difícil tener en la cabeza el tiempo exacto que faltaba y controlar el nivel exacto de intensidad en la defensa al que acaba de recuperar el balón.

La segunda reflexión, esta ya en general, es lo importante que resulta ahora en los partidos igualados guardarse al menos un tiempo muerto para el final de partido, y cuando digo final no me refiero a los últimos tres minutos, sino los últimos tres segundos.

Esa idea contrasta con la exigencia actual de la FIBA de apurar al máximo en los tiempos muertos presionando a los entrenadores para que no se demoren ni un segundo de más.

Es decir, por un lado se crea una nueva situación propicia al uso de tiempos muertos adicionales y, por otro, se limita o se recorta el uso que de los tiempos muertos se hacía hasta ahora ¿no?. El argumento es que los tiempos muertos aburren al espectador y esa restricción propicia el espectáculo.

No estoy de acuerdo con ese argumento. Si el tiempo útil de un tiempo muerto es de más de 40 segundos (que es el que como máximo se puede utilizar realmente en la práctica) es posible que el entrenador sea capaz de realizar nuevas propuestas tácticas al partido para cambiar la dinámica, la forma de jugar o lo que sea, pero cambio al fin, y eso no creo que vaya en contra del espectáculo y aburra al espectador. A mayor riqueza y variedad táctica más espectáculo ¿no?. Pues para eso sirven los tiempos muertos, para darle riqueza al juego. Pero claro, en 40 segundos apenas da tiempo a decir un par de obviedades.

Por eso creo que con la nueva norma de saque en tiempos muertos finales no sólo no debería haberse acompañado con un recorte en el uso real de los tiempos muertos, sino que se debería haber propiciado un mayor uso de estos, no menor.

Por ello creo que una buena fórmula podría ser el permitir un tiempo muerto adicional en el último minuto de partido. Es decir, primera parte dos tiempos, y en la segunda tres tiempos muertos durante el tercer cuarto y nueve primeros minutos del último y uno extra en el último minuto, ideal para poder hacer uso de esta línea de saque. Si el partido va lanzado y claramente decantado este tiempo muerto extra no tiene sentido que se use, el partido acaba pronto y cada uno a su casa, pero si el partido está igualado ese tiempo extra podría dar un plus de espectáculo. A mí me parece obvio, pero creo que la FIBA no entiende mucho de obviedades.

Lo que sí parece claro es que, como ese tiempo muerto extra no lo va a dar la FIBA (en los próximos años al menos), habrá que sacarlo de algún sitio, con lo que parece claro que cada vez menos entrenadores se atreverán a gastar un tiempo muerto en los últimos segundos del tercer cuarto para hacer una última jugada de cuarto, sabedores de que si el partido va igualado le será decisivo contar con él en los últimos segundos. El problema es que no siempre es fácil llegar igualado al final y tienes que tirar de todo lo que tienes para intentarlo, tiempos muertos incluidos. Pero bueno, eso ya es otro tema.

6 ene. 2011

¿Haber sido jugador profesional garantiza ser un buen entrenador?

Estos días a través de Twitter hemos tenido un pequeño debate acerca de si el hecho de haber sido jugador profesional significa una garantía de éxito cuando se pasa a ejercer el papel de entrenador. Y me he quedado con ganas de comentar el tema con más detenimiento.

En principio, la respuesta a la pregunta del título de esta entrada, en mi opinión, debería ser un "depende", pues realmente depende de varias cosas. Veamos.

El hecho de que un jugador haya pasado más de 20 años de su vida jugando al baloncesto tiene que garantizar necesariamente unos mínimos en cuanto a conocimiento de la metodología de entrenamiento, ejercicios, el juego en general, etc.Eso es innegable. Otra cosa es que en todos los casos esos 20 años reporten un conocimiento profundo del baloncesto, que es una de las premisas fundamentales para ser un buen entrenador de élite.

No obstante, hay jugadores que, pese a estar 20 años jugando al baloncesto, a duras penas conocen los rudimentos del juego y que siempre lo han pasado mal para aprenderse las jugadas o tomar decisiones durante el juego. Hay muchos más de esos de lo que parece. Pero hablamos de jugadores con un talento excepcional para una o varias facetas del juego (el tiro, la defensa, la técnica individual en general, el rebote...) que les han hecho merecedores de un hueco en la élite PESE a sus limitaciones en el resto de facetas, siendo la más habitual (y delicada en este contexto) el conocimiento del juego.

Puede que nos sorprendiera ver que grandes jugadores que han pasado por las mejores ligas en realidad saben bastante menos de baloncesto de lo que uno se pueda imaginar. De hecho, el éxito de cara a la galería no siempre tiene que ver directamente con el conocimiento del juego. Es ese el tipo de jugador que no llega a ser gran entrenador, que como jugador ha sido una estrella pero que no reúne las condiciones para ser bueno como entrenador, aunque para la mayoría de la gente su habilidad destacada haya camuflado bien sus carencias.

Es, por tanto, el conocimiento del juego uno de los factores clave que creo que determina si un jugador de élite podrá ser también un entrenador de élite. Otro fundamental, sin duda, es su carácter, su capacidad de liderazgo, de comunicación y empatía.

Queda claro, por tanto, que el haber vivido el baloncesto desde dentro como jugador, es un valor positivo de cara a dar el salto al terreno del entrenador, pero sólo será un factor determinante si ese jugador ha sido de los que ha entendido bien el baloncesto y no de los que se ha limitado a ejecutar los sistemas o conceptos que se le han ido enseñando con los años.

Por otro lado, está el otro grupo de entrenadores, el entrenador no-jugador, aunque en sentido puro casi no existe. Es decir, la mayoría de entrenadores no ha sido jugador de élite, pero eso no quiere decir que no haya intentado ser jugador pese a tener unas condiciones naturales pésimas para la práctica de este bello deporte. Casi ningún entrenador ha sido entrenador directamente sin intentar, un poco al menos, ser jugador. Luego, en este mundillo el que más y el que menos ha sido jugador, aunque sea malo y por poco tiempo.

Ahora habría que determinar hasta qué punto es un plus haber sido jugador de élite respecto a haber sido un jugador mediocre, pues el argumento que se suele aportar es el de conocimiento del vestuario, las rutinas de trabajo, etc, cosa que hasta siendo mediocre como jugador se puede conocer.

Este grupo de entrenadores (los que nunca llegaron a nada como jugadores) tiene a su favor el haber estado desde bien jovencitos estudiando el juego, sabedores de que en el futuro su única posibilidad de vivir baloncesto de buen nivel sería como entrenador y no como jugador.

Los jugadores que pasan a entrenadores suelen tenerlo más fácil que los que no lo han sido a la hora de encontrar oportunidades de trabajo. Pero ahí creo que se puede hacer al menos dos grandes grupos:

  • Los jugadores de talento, grandes conocedores del juego, estudiosos del baloncesto ya como jugadores, que con muy poca experiencia previa aprovechan la primera ocasión que se les brinda para colocarse en la élite y permanecer en ella.
  • Los jugadores que no han tenido ese talento pero sí una gran habilidad para algo y han triunfado como jugadores, pero a los que les falta ese conocimiento del juego, a los que una oportunidad demasiado prematura para dirigir un equipo de élite no sólo no les ayuda, sino que puede abocarles a un fracaso que de al traste con una carrera de entrenador que, si no excelente, sí podría haber sido digna, e incluso muy buena en su tramo final, de haber ido cumpliendo etapas una a una, madurando con calma y entrenando en el nivel adecuado a su capacidad real en cada momento.
Entre los entrenadores del primer grupo se me vienen a la cabeza rápidamente unos cuantos: Obradovic, Giannakis, Ivanovic, Pablo Laso e incluso Pesic.Todos ellos pasaron  de ser jugadores de élite a ser entrenadores de élite casi sin solución de continuidad. Y todos ellos fueron jugadores que en la pista jugaban tanto con la cabeza como con el cuerpo y, además, eran líderes en la pista. Muchos de ellos, como Obradovic por ejemplo, ya compatibilizaban el trabajo de entrenador con el de jugador, y tenían muy claro que serían entrenadores cuando colgaran las botas, o incluso antes, como Ivanovic, que fue jugador-entrenador durante varios años.

Luego hay otro grupo de ex jugadores pasados a entrenadores que quizá habrían necesitado un proceso de maduración más lento antes de intentar abordar la élite, o incluso algunos que directamente deberían haberse dedicado a otra cosa pero aún andan dando vueltas en esto del baloncesto por mor de un nombre y un prestigio que un día tuvieron como jugadores. Quién necesitaría maduración y quién haberse dedicado a otra cosa es algo que sin un conocimiento cercano es difícil de concretar en nombres y apellidos. Pero el tiempo suele ser buen aliado a la hora de poner a cada uno en su sitio, pese a las injusticias fruto de la buena o mala suerte que suelen acaecer en esta vida.

Otro grupo interesante de mencionar sería el de los jugadores actuales que terminarán siendo no dentro de mucho grandes entrenadores o que podrían serlo si tuvieran vocación de entrenador. La mayoría que se me ocurren son bases, lo que enlaza con el debate de cuánto de prolongación del entrenador en la pista es el base. Así, a bote pronto: Papaloukas, Prigioni... Pero la verdad es que con los bases es más fácil hacer esas predicciones en tanto que su posición en la pista ya le acerca a la figura del entrenador. Carlos Jiménez también es un jugador que en la pista demuestra conocer muy bien el juego para sacar partido a detalles de táctica defensiva y ofensiva. Otros jugadores o ex jugadores, en cambio, no demuestran tras su hosco estilo de juego tener ese tipo de condiciones que luego sí resultan tener, como es el caso de un entrenador amigo mío que como jugador nunca se caracterizó por ser precisamente un fino estilista pero que sí está demostrando ser un gran entrenador (aunque aún no en la élite élite propiamente dicha, que ya llegará)..

Otros futuribles de los banquillos de élite incluso tuve el placer de tenerlos de compañeros en el Curso de Entrenador Superior, como Lucio Angulo y Germán Gabriel, quienes creo que serán al poco de retirarse grandes entrenadores y no por su nombre, sino por sus dotes para ser entrenador.

Otra cuestión, que daría para bastantes más líneas, sería la de los criterios que se siguen para dar esas oportunidades, si se basan en la presunción de talento o méritos acumulados o si no siempre los criterios deportivos son los que hacen merecedor a un entrenador de esa oportunidad. Se supone que el ser fiel a unos principios debería ser un plus, pero en algunos casos hemos visto como eso se ha vuelto en contra de gente con talento que termina abocada al ostracismo simplemente por no venderse. Pero ese es otro tema que da para largo.

En definitiva, haber sido jugador de élite en sí mismo no garantiza más que unos mínimos, demasiado poco para pasar directamente a la élite si no se tienen además las cualidades adecuadas, que no son necesariamente ser un excepcional triplista. Llevar toda la vida estudiando el juego, pese a no haber jugado en élite, creo que es un valor muy a tener en cuenta, aunque para los que no tienen un nombre detrás suele ser más difícil encontrar oportunidades.