23 jun. 2004

Malvar jugadores


Hay una final línea que separa a los jugadores llamados a ser superclase y los destinados, simplemente, a ser muy buenos jugadores. Los primeros, tipo Pau Gasol, Rudy Fernández o Raúl López, se abren paso de forma natural, casi todo entrenador con algo de luces le hace un hueco en las rotaciones y, antes de darse cuenta, están saliendo en los quintetos inciales de sus equipos.

Sin embargo, hay jugadores que no son tan buenos como para pasar directamente desde el equipo junior a jugarse las habichuelas en la ACB o, simplemente, necesitan algo más de madurez que otros. Esos son los jugadores que deberían hacer grande a una selección nacional, pues un Pau Gasol y un Raúl López no dejan de ser dos figuras a las que, si las rodeas de jugadores mediocres poco podrán hacer.

Leo que Unicaja recupera al cedido Fran Vázquez y que el F.C. Barcelona renueva a Marc Gasol. En principio parecen buenas noticias para la ACB y para los jugadores. Sin embargo, son pocos los grandes entrenadores que saben que tienen que arriesgar un poco cada partido dándole algún minuto de más al jugador joven de futuro para que se vaya haciendo, aún a riesgo de no sacarle el máximo rendimiento posible a su equipo ese día.

No todos los entrenadores están dispuestos a arriesgar hoy para tener un gran jugador pasado mañana. La razones son obvias: no todos los entrenadores son realmente tan buenos como para detectar los futuros grandes jugadores, el miedo a perder un buen sueldo influye bastante y, cómo no, pocos están dispuestos a invertir arriesgando partidos a cambio de formar un buen jugador que, a los pocos meses, le deje a uno para irse a uno de los grandes o, porqué no, a la NBA.

Espero que tanto Scariolo como Pesic, a los que tengo por grandes entrenadores, sean capaces de 'invertir' en estos jugadores, y que lo hagan ya, que no esperen a sacarlos a pista sólo cuando rindan como el americano de turno desde el primer día..., o más. Porque esa es otra. La de jugadores nacionales que, jugando al mismo o superior nivel que el americano (o extranjero en general, vamos) tienen que contentarse con gritar y mover la toalla porque simplemente son blancos y del país.

De acuerdo que es humano el ser cobarde, el dejar el peso del tema en manos del americano pues, los entrenadores también saben de ese complejo de inferioridad que solemos tener los españoles: si es americano será bueno, ¿no?. Ese prejuicio lo conocen a la perfección Pesic y Scariolo, no en vano ellos han salido, en una parte al menos, beneficiados por él pues, aunque son grandes entrenadores, una parte de su caché (creo que pequeña en su caso) depende directamente de su condición de extranjeros.

Ese prejuicio no se da con los jugadores jóvenes. Al contrario. Ellos tienen que demostrarlo todo desde el principio. Muchos terminan malvándose de tanto reposar el culo sobre la madera del banco.

A ver si nos alegran la próxima liga estos, y otros, chavales.

22 jun. 2004

Garbajosa. Vuelve el hijo pródigo.


Unicaja de Málaga será el destino elegido por Garbajosa para su retorno a la ACB.

La liga ACB agradecerá la vuelta de un gran jugador como él para así compensar, en parte al menos, la tendencia a la marcha a la NBA de nuestros mejores jugadores (Gasol, Raúl, y este año tal vez Macijauscas o Nocioni terminen por allí).

Con este fichaje Unicaja gana puntos para ser un serio aspirante a ganar las competiciones que dispute.

Esperemos que el esfuerzo económico del fichaje de Garbajosa no deje las arcas vacías para completar la plantilla con posibles ajustes de media temporada.

Bienvenido sea.

16 jun. 2004

¿Show Time?


Lucho por dilucidar si es que soy un carca nostálgico o si es que, realmente, la NBA de ahora es bastante pobre.

Uno se hizo aficionado a este maravilloso deporte gracias a Ramón Trecet y su 'Lluvia de Estrellas' (o algo así creo que se llamaba) y gracias a un gran crack: Randy Owens. Un jugón que vino al CB Murcia (entonces Juver) para abrirnos los ojos de la diferencia abismal entre el fútbol y el baloncesto. Por aquel entonces yo jugaba al fútbol, de portero, eso sí, pues me gustaba más jugar con las manos que con los pies, y este negrito de más de dos metros en un mundo baloncestístico de pequeñajos de 1'90, me hizo ver lo apasionante, rico y plástico del deporte de la canasta.

Por aquel entonces, los viernes por la noche los ojos se hacían platos la ver a un tipo de 2'05 botando el balón y corriendo el contraataque como ningún pequeñajo español soñaría con hacer jamás. Eran épicos los encuentros entre aquellos Lakers de ensueño y los Celtics de Bird y compañía. Era el Show Time.

Después vendría Jordan, quien, casi él solito, aguantó durante unos años más la magia de la competición norteamericana.

Confieso que ahora veo muchos menos partidos de NBA. La vida adulta, los compromisos laborales y familiares, etc. Pero la verdad sea dicha, que salvo los ilusionados momentos del debut y primeros pasos de Gasol y López, los partidos NBA que he visto estos últimos años me dejan un sabor amargo.

Veo, como dirían los impagables Siniestro Total, mucho músculo y poco cerebro. Son efectivos, en buena parte de los casos, pero a la fuerza bruta. Hay cuatro perlas en un mar de carne de gimnasio. Me aburro como una ostra con esos partidos. También es verdad que uno ya no tiene el cuerpo para quedarse hasta las 4 de la mañana esperando un partido de esos, pero es que tampoco la sensación mejora con las repeticiones diurnas.

Detroit se ha impuesto a los Lakers en una final de la que apenas aguanté dos ratos antes de cambiar de canal o quedarme dormido.

Estoy convencido de que si en la NBA se pasaran los convencionales controles antidopping que se hacen en Europa la distancia Europa-NBA pasaría de ser kilométrica, como hasta hace pocos años, a ser un pasito.

O tal vez no, tal vez soy un antiamericano rancio al que le gusta el carca baloncesto Europeo. Puede ser, pero no cambio un partido cualquiera ACB por una final NBA como la que hemos tenido este año.

15 jun. 2004

Sólo falta Raúl

Tras revisar la lista de Pesquera para la olimpiada sólo me cabe una pequeña queja: falta Raúl López. El puesto de base es el único que parece quedarse algo cojo. Calderón es un valor seguro en defensa y penetración, un chico muy atlético, no tira mal. Su punto flaco, tal vez, sea la dirección de juego y algún problemilla con el control de balón: bota muy alto y suele tener problemas para mover bien el balón cuando le presiona el bote un buen defensor. Su presencia, no obstante, es imprescindible, plenamente complementaria con la de un base que dirija bien.

Cabezas tiene un perfil parecido al de Calderón, quizá algo menos en forma que el jugador del TAU. La gran incógnita es Comas, un base que temporada y media ha pasado de jugar muy pocos minutos a ser la clave de su equipo, dejando durante toda la segunda mitad de la temporada en el banquillo a un base como Rodilla, mejorando sus números partido a partido, hasta convertirse en un gran base, con un buen tiro, buena penetración y, de los dos partidos que he podido verle este año, una buena dirección. Creo recordar que su punto flaco era la defensa. Necesito verle más minutos para hacerme una idea más cabal. Su puesto aún está por ganarse o perderse. Cabezas parece tener más papeletas, pero Comas es mejor director de juego, que es lo que se necesita para complementar a Calderón. Ahí tendrá que tener cuatro ojos Pesquera. Lo ideal sería Raúl López y Calderón como cobertura. Pero bueno, qué se le va a hacer...

Del resto de puestos creo que Pesquera ha elegido lo mejor de lo disponible. En caso de duda ha elegido a la gente que viene empujando y que posee un buen físico, pues hay que recordar que tendrán que jugar en agosto, después de una larguísima temporada, y el estado físico será crucial entonces.

Esperemos que los jugadores a los que se les hizo algo larga la temporada (Rudy o Yebra) hayan podido recuperar adecuadamente estos días de vacaciones, y que los que han llegado a la final de la ACB no peguen el bajón para entonces.

La otra duda es si Pau tendrá la suficiente motivación, pues parece apuntar a ofrecer muy distinto rendimiento dependiendo de su nivel de motivación. Espero que, después de jugar play-offs en la NBA una olimpiada no le parezca algo demasiado trivial al de los Grizzlies.

Por último, mis tres apuestas para los descartes dependen del estado de forma de Iturbe, pues empezó bastante flojo la temporada y ha terminado explendidamente. Si el que va a la selección es éste último, y no el de principio de temporada, tendrá un hueco. Así, apuesto por: Fran Vázquez, A. Bueno y… hummm… Cabezas. Sí Comas tiene más papeletas a priori para salir de la lista, pero creo que Cabezas y Calderón se parecen demasiado en su forma de juego, y de ellos dos, está claro que gana Calderón.

Esperemos que, bien Comas o bien Cabezas, estén lo suficientemente finos para que no echemos mucho de menos a Raúl López en los momentos complicados, que los habrá.

10 jun. 2004

Estudiantes campeón de la liga ACB

La lucha contra los elementos… arbitrales

Escribo estas líneas cuando aún no se conoce el campeón oficial de la liga ACB (2-1). No obstante, para mí ya hay un campeón: Estudiantes. Los del Ramiro han sido el mejor equipo, el más rápido, ilusionado, aguerrido, cohesionado, imaginativo y hambriento de la liga ACB.

Sin embargo, estamos en una sociedad movida por el dinero. A principio de liga se construyen unas plantillas de jugadores en base a los presupuestos de cada equipo. Hay equipos que poseen una dilatada trayectoria, gran historial y prestigio.

Apostar a caballo ganador suele dar mejores resultados que no hacerlo. Por eso estamos rodeados de intereses creados, de trepas y pelotas por todas partes. El mundo del baloncesto no iba a ser menos.

Dudo mucho que desde un despacho, ajeno a los propios equipos, se determine expresamente quién debe ganar. Sin embargo, existe una especie de ley no escrita según la cual, dentro del arbitraje llegan más lejos aquellos árbitros que se ‘equivocan’ más a menudo a favor del poderoso que del débil.

También ocurre que, inconscientemente, esos presupuestos iniciales, que son públicos y más o menos conocidos, están en la cabeza de todos, incluidos los árbitros. Es el tipo de cosas que le haga interpretar a un árbitro que cuando Bodiroga hace un gesto extraño con los pies es un ‘látigo’ de los suyos o un prodigio técnico en forma de reverso o similiar, y que cuando es Carlos Jiménez quien hace algo parecido sean pasos porque este tío no sabe ni botar el balón, pues para eso cobra la cuarta parte que Bodiroga. Prejuicios se llama a eso.

Además, los equipos poderosos tienen más poder para que sus quejas tengan repercusión, trascendencia y, consecuentemente, deriven en una presión tácita o expresa contra ellos.

Así, en unos casos, los arbitrajes no imparciales obedecen intereses canallas en unos casos, prejuicios en otros, y miedo (a las represalias, presiones o ‘qué dirán’) en buena parte de los casos.

Por tanto, el que Estudiantes haya llegado a la final se considera por todos los estamentos baloncestísticos como un premio más que suficiente, con lo que la posibilidad de que ganaran incluso la liga se les antoja desproporcionado. Vamos, como si hubiera que hacer algún tipo de justicia paralela a la que ocurre en la cancha.

Por eso no es de extrañar que, esos arbitrajes habitualmente blandos con el Barça, lleguen estos días al paroxismo, y que la final me esté recordando a los clásicos partidos contra la clásica Yugoslavia, con sus clásicos desenlaces.

Claro, cuando una plantilla, a priori, es la mejor de Europa, a ver quién es el chulo que dice que le han ayudado los árbitros a ganar el título “¿Acaso la canasta la metió el árbitro en lugar de Bodiroga?” y otras sandeces por el estilo. Claro Bodiroga es el mejor jugador de Europa, pero no todos los días ejerce de tal, y un Loncar inspirado, como en estas finales, es tan letal como él… si le dan las mismas ventajas que al del Barça, por supuesto.

En baloncesto es facilísimo cambiar los resultados naturales de los partidos sin montar un escándalo. Hay tantas acciones en las que poder tomar decisiones que una leve diferencia de criterio a la hora de pitar un partido igualado da de sí lo suficiente como para cambiar 10 puntos de dueño. Y 10 puntos en baloncesto es una vida.

Me resulta chocante que ningún periodista haga casi nunca alusión al papel de los árbitros. Parece haberse convertido éste en un tema tabú, del que da vergüenza hablar por si se le tacha a uno de forofo. Y mientras, Imbroda repitiendo desapasionadamente en cada repetición: “pues no, no parece que haya sido falta de Estu”, “Sí, parece que el jugador del Barça toca al del Estu”, pero sin atreverse a ir más allá en el comentario y decir que ya lleva dicha la misma frase tantas veces, que algo está pasando con el arbitraje.

Estudiantes cometió errores en sus dos primeros partidos, y no remató a su contrincante cuanto tuvo ocasión. El Barça tiene la mejor plantilla de Europa, y cuando se pone a toda máquina es casi imposible pararle. Por otro lado, ningún árbitro se jugará en España el pellejo por montar un escándalo y robar un partido para el Barça, pero la inmensa mayoría se tragará el pito en los últimos minutos, cuando el Barça está ya cerca en el marcador y en la zona culé se da de todo menos besos, y acudirá rápidamente a pitar falta a Bodiroga cuando alguien haga un amago de meter la mano. Tiros libres, dos puntos, un rival eliminado por cinco. Así de fácil. Sin montar escándalo.

El principal error de Estudiantes, aparte de las pérdidas de concentración de Brewer en los finales, fue no ser capaces de, en los dos primeros partidos, llegar a esos dos últimos minutos con 10 puntos de ventaja. El Barça es como la vieja Yugoslavia: dame un minuto, una desventaja de 7 y tres árbitros adecuadamente instruidos y el partido es nuestro.

Como decía Felipe II con la Armada Invencible: “No mandé a mi armada a luchar contra los elementos, sino contra los ingleses”. Pues aquí los elementos tienen color gris. Y dudo que Estudiantes pueda con el Barça y también con los elementos… arbitrales.