2 sept. 2010

Volver a empezar

No se lo ha merecido hasta ahora la selección española, pero una sucesión de resultados y, sobre todo un gran partido de la Nueva Zelanda de Cameron, han dado a la selección una oportunidad única para hacer borrón y cuenta nueva.

España se estaba labrando a pulso una vuelta a casa mucho antes de lo que a todos nos habría gustado. No estaba jugando bien, no defendía bien, no atabaca bien, no estaba bien gestionada desde el banquillo, los reservas se venían abajo al tener que lidiar ellos sólos con el partido y dejaban los partidos a merced del rival, los titulares no eran capaces de dejar roto el partido antes de ir al banco y tampoco eran capaces de reconducirlo cuando mandaban de vuelta al banco a los reservas (o segunda unidad).

Pero mira ahora que todo eso podría quedar sin penalización merced a los caprichosos resultados y al saber hacer de Cameron, el único jugador del mundial, junto a Scorciaritis, capaz de hacer un doble bloqueo él sólo.

Son muchas las dudas relativas a la selección española, pero yo las resumiría en dos:
  • ¿Pasará factura psicológica a la selección el desastre realizado hasta ahora?.
  • ¿Hay, al fin y al cabo, capacidad deportiva suficiente en este grupo como para empezar al fin a competir contra equipos decentes?.
El próximo sábado espera Grecia. En principio un partido interesante que debería decantarse para la selección española de jugar ésta como ha venido haciendo en los últimos años en sus momentos buenos.

Está claro que de jugar como lo ha venido haciendo en este mundial el favor que hoy nos ha hecho Nueva Zelanda sería inútil, pues este equipo hasta ahora no ha demostrado ser capaz de ganarle a un equipo decente. Francia y Lituania le superaron, el Líbano le tuteó un buen rato pese a estar en pleno ramadán y estar sus jugadores sin comer ni beber desde el amanecer ni hacerlo tampoco durante el partido. Canadá se ha ido del mundial sin ganar un sólo partido y aún así durante la primera parte tuteó a la selección. El equipo que ha perpretado esos partidos no será capaz de pasar ni una sóla ronda más, eso está claro.

Lo que todos esperamos, a falta de Pau y Calderón, es que los que quedan den el nivel que les conocemos, con lo que tendríamos serias opciones de medalla de nuevo, toda vez que EEUU, el único equipo realmente temible a día de hoy, sólo aparecería en el camino de España en la final.

No sólo echo de menos a Pau, la ausencia de Calderón vale doble. Cuenta por Calderón, por supuesto, aunque en la preparación no hiciera nada en particular, pero su trayectoria hasta ahora deja claro todo lo que puede aportar a la hora de dar solidez al equipo. Y cuenta también porque sin Jose Manuel ahora Ricky queda vendido como prácticamente único base de garantías, lo que le multiplica la presión y le hace asumir muy pocos riesgos, sabedor de que tendrá que estar en partido 30 minutos sí o sí.

Siendo positivos podemos pensar en que se haga borrón y cuenta nueva, que olvidemos el desastre hecho hasta ahora, que Llull se atreva a machacar al fin y que con los días Raül López pueda jugar sin faja y con aire en los pulmones. O que Scariolo se baje del burro y deje de jugar con dos unidades como si fuera el entrenador del Dream Team de Barcelona'92 (el único que existió, en realidad) y ponga en pista quintetos equilibrados.

También sería bueno que no pasaran por detrás prácticamente todos los bloqueos de pick&roll, o que si hacen push al menos lo hagan con ganas y el pívot empuje de verdad para que el exterior pase rápido y pueda recuperar de inmediato, que si la cosa se pone fea no se obcequen en sólo tirar triples, que Scariolo sea capaz de reaccionar más rápido y con recursos, que Ricky sea capaz de jugar con el desparpajo que le caracteriza y no acojonado como parece hacerlo. Que Scariolo pierda el miedo de que se le queje el núcleo duro de la selección si pone muchos minutos a San Emeterio, que si vemos superioridad en el juego interior o que no nos entran de fuera insistamos una y otra vez hasta machacar al rival con balones a Marc.

Pero sobre todo, me gustaría que de una puñetera vez, e independientemente de desde dónde llegue la primera y segunda ayuda, defiendan con ganas y no como si nos hicieran un favor por salir a la pista. ¿Ya no tienen hambre? Pues si no tienen hambre que se queden en su casa digiriendo el empacho.