16/10/2011

Educación en valores... para padres

Cada año, la mayoría de clubes de la Región de Murcia tenemos que sufrir en nuestras carnes que algunos de nuestros jugadores terminen siendo reclutados por el club más renombrado de la zona: el CB Murcia. Hoy no quiero entrar en la mayor o menor responsabilidad del club con equipo ACB en estas cuestiones, sino plantearme hasta qué punto vale la pena el tratar de educar en valores a nuestros chavales.

Esta semana se nos ha ido un chaval alevín al CB Murcia después de varios años en el club y de haber hecho mes y medio de pretemporada con nosotros (hablo del club Capuchinos). Hablo de un niño llamado a ser importante en el equipo alevín, precisamente el alevín que el año pasado le ganó al CB Murcia (uno de los pocos equipos de formación que logró ganarle algún partido a alguno de los equipos del CB Murcia).

El año pasado yo entrené al grupo en el que jugó este niño. Uno de los objetivos que me marqué como entrenador fue tratar de enseñarle a los niños algo más que baloncesto, bajo el argumento de que ninguno o casi ninguno de ellos llegará a ser jugador de élite, pero todos deberán ser personas en el día de mañana. Gasté muchos tiempos muertos e intervalos de juego, paré muchos entrenamientos para corregir cosas en esa línea, pero sobre todo, a lo que más tiempo dediqué es tratar de fomentar algo que a los 10 años aún cuesta mucho a la mayoría de niños: el altruismo, la responsabilidad y el compañerismo. Entretanto conseguíamos introducir las nociones básicas del juego de pasar-cortar-reemplazar tratamos de instaurar la rápida y simple pero valiosa "regla de los tres pases" (salvo que haya un jugador solo bajo el aro o similar no tiraremos a canasta antes de dar al menos tres pases).

En la "regla de los tres pases" hay mucho más que un barrunto de primeras nociones de táctica para la iniciación al baloncesto. Hay una filosofía, un modo de entender la iniciación al baloncesto extrapolable al resto de facetas de la vida. La idea de que lo que hagamos, mejor o peor, lo hacemos entre todos. En esa regla de los tres pases subyace la idea de solidaridad, de respeto al compañero, de responsabilidad, de compromiso. Son valores implícitos a esa regla, valores que pretendimos inculcar con esa regla y de otras muchas más formas, ya fuera con el balón en las manos o a través de la relación diaria.

Pero precisamente la forma en que ese niño deja el club contraviene todos esos valores de compromiso, responsabilidad, respeto y solidaridad. A esa edad, 11 años, el niño no es capaz de tomar decisiones de ese calado de forma totalmente natural e independiente. Está claro que en esa decisión la influencia de los progenitores ha sido importante, cuando no decisiva. Por eso es por lo que me planteo hasta qué punto vale la pena tratar de fomentar valores positivos en los niños si los padres los orientan por el camino contrario. Hasta qué punto no es una pérdida de tiempo el esforzarnos en que los chavales asuman sus propias responsabilidades. Se plantea uno si vale la pena dedicar tanto tiempo a explicar cosas como que si el árbitro te ha señalado falta es porque no has defendido bien, porque has usado las manos en lugar del cuerpo, y no porque te tenga manía; que si no jugamos tan bien como podemos no es por otra cosa que por no buscar al compañero y preferir tirárselas uno mismo; que si uno no defiende está dejando tirados a los compañeros y, por tanto, faltándoles al respeto y al compromiso adquirido.

Un tiempo muerto en El Día del Mini (San Javier, junio 2010)
Por lo visto, tras el único partido amistoso jugado por el equipo alevín en esta pretemporada (ahora dirigido por otro entrenador, uno de los mejores entrenadores de base que se puede uno encontrar en esta región), el chaval en cuestión no realizó un buen partido, tomando malas decisiones en lo que al juego y las instrucciones del entrenador se refiere, lo que le valió el "castigo" de no jugar más que los dos sextos mínimos que preveen las normas de competición. Al parecer ése es el único argumento conocido que hizo que este niño dejada tirados a sus compañeros para ir a ofrecerse al CB Murcia, club que por supuesto, y como acostumbra a hacer, le recibió con los brazos abiertos tan pronto comprobó que el niño cumplía con unos mínimos.

Nos habría dolido que el chaval hiciera eso este verano, pero al fin y al cabo el verano es la época propicia para cambiar de aires y la menos dañina en lo que a las estructuras del club de procedencia se refiere. Pero en este caso hablamos de algo más doloroso, pues se lleva ya mes y medio de entrenamientos y el grupo estaba prácticamente cerrado a falta únicamente de entregar las fichas federativas.

La lección que habrá aprendido el chaval con todo esto es que uno no tiene responsabilidad en sus actos, las consecuencias de lo que se hace no tienen importancia, no importan las relaciones con los compañeros, no se les debe nada ni a ellos ni a quienes te han enseñado a jugar a baloncesto, ni siquiera una explicación, que si algo malo te pasa siempre es culpa de los demás, y que si se causa un daño a los demás por seguir tu propio egoísmo no pasa nada.

Supongo que farda más decir por ahí que juegas en el CB Murcia que en el Capuchinos, o contar en el trabajo que tu hijo juega en el CB Murcia en lugar de en un club de colegio. Supongo. El problema de todo esto no es que hayamos perdido un jugador interesante que reforzará al rival directo, que eso ya pasa cada año, sino el aprendizaje sobre la vida que se ha llevado este niño de cara al futuro.

Por eso, decía, no sé si vale la pena tratar de educar en valores a los niños dentro de esta sociedad corrupta si no podemos hacer lo mismo con los padres, que les llevan por la vía contraria a la que tú intentas inculcar. Alguno incluso podrá decir que quiénes somos los entrenadores para enseñar valores, que de dónde sacamos que esos valores son los que ellos quieren inculcar. Quiénes somos los entrenadores para intentar transmitir altruismo, responsabilidad y compromiso en casos en los que los padres prefieren niños que de mayores sean egoístas, irresponsables y amigos del camino fácil.

Y ahí ya me quedo sin argumentos.

3 comentarios:

postebajo dijo...

Juan Carlos, claro que vale la pena tratar de educar en valores a los chavales, con que se logre que sólo uno actue en su vida siendo fiel a esos valores, tu trabajo ya habrá sido un éxito. Es inevitable que a las edades de las que se trata, el entorno familiar, en el que vaya vd. a saber que valores son los que predominan, sea determinante en este tipo de toma de decisiones.
Te debes al resto del grupo, que es fiel a esos valores, sigue trabajando duro con ellos, y en un futuro encontrarás con su agradecimiento como personas el pago a tus desvelos.

Y al chaval en cuatión, desearle todo tipo de suerte deportiva, y aún mas suerte en su futura formación personal, que la necesitará.

josea dijo...

Estando de acuerdo en el fondo del asunto, pues la experiencia debe de ser, y que me perdonen las feministas, muy parecida a cuando la novia te deja por otro; no me parecen muy apropiadas las formas, ya que se está "linchando" a un niño de sólo 11 años, y a un padre que equivocado o no, hace lo que cree mejor para la evolución de su hijo. De todas formas, no me parece bien que seas tu el que reprocha estas decisiones, cuando el club al que perteneces sigue una politica muy similar en el tema de "fichajes", y si no, fíjate en el expolio de canteras del equipo Junior, donde Santomera, Yecla, Jesuitinas, Salesianos...han sufrido sus consecuencias. O el equipo Cadete que este año ha tenido la osadía de quitarle al Murcia uno de sus mejores jugadores. Pero claro, si se van los vuestros es porque os los quitan, y los que vosotros reclutáis vienen llamando a vuestra puerta.Un saludo.

Juan Carlos García Gómez dijo...

Josea, he dicho que no pretendía enjuiciar al CB Murcia, que podría hacerlo, pero no viene en realidad al caso.
Hablo de padres (no lincho al crío, en todo caso a los padres que lo guían mal) que aprovechan en enfurruñamiento del crío porque el entrenador no le deja hacer lo que le da la gana para llevárselo a un equipo con el que ellos, los padres, podrán presumir por ahí.

Y me parece que no es igual la forma en la que aceptamos gente de fuera (convocamos pruebas de acceso EN JUNIO!!, libres para quien quiera venir) que lo que han hecho los padres de ese crío a estas alturas de la película.