3 ago. 2006

En Alicante con la selección

El pasado lunes pude asistir al partido que disputó la selección española en Alicante frente a Serbia y Montenegro. La excusa era acompañar a los niños de las bases del Polaris y hacer un pequeño reportaje para La Opinión sobre los chiquillos.

Quedamos para salir en la puerta del pabellón de deportes de Murcia a las cuatro de la tarde. Teníamos bastante más de cuarenta grados a la sombra, al borde de la supervivencia humana, vamos.

Llegamos a tiempo de ver el partido de Angola y China mientras tomábamos posiciones en la zona de prensa. Eso sí, zona de prensa "B", en la parte alta, pues la parte baja, junto a la pista, estaba reservada para la prensa "A" (los medios nacionales, vamos). Por allí estaban también unos periodistas de Angola quienes, a lo que se ve, también los consideraron prensa "B".

Mientras jugaban Angola y China, y bañados en unos sudores de la muerte, dejamos casi terminada la base del reportaje, con lo que para cuando ese primer partido ya teníamos poco que hacer allí, así que pudimos disfrutar del partido de la selección española. Bueno, todo lo que se puede disfrutar cuando estás empapado de sudor de la cabeza a los pies y te sientes deshidratar por momentos.

Menos mal que el bueno de Otón (de La Verdad) se pagó una cerveza que, junto con el bocata que me llevé de casa, y el partido de la selección, me supo a gloria divina. Hacía mucho tiempo que no encontraba tan refrescante una cerveza.


El partido en sí no estuvo nada mal para las circunstancias, pues hasta los jugadores se empapaban en sudor sólo de mirar desde el banquillo. Serbia y Montenegro se presentó sin ninguna de sus figuras y dio una imagen algo penosa. En los primeros minutos parecía un equipo de tercera fila y las ventajas de la selección española se estabilizaron más porque los españoles bajaron el pistón que porque los serbios mejoraran considerablemente, que algo mejoraron. Como muestra la instantánea, durante algunos minutos la selección defendió en zona, sin que los serbios atinaran a romperla con un mínimo de solvencia.

Y así, con la cervecilla, el bocata y algo de charla se pasó el partido en un santiamén, y hasta pudimos ver varias jugadas de las de levantarse del asiento y todo.

Uno de los objetivos que me había planteado era arrancarle unas declaraciones, siquiera breves, a alguno de los jugadores de la selección, especialmente a Pau Gasol, y a ser posible, sobre las escuelas de balconesto o la formación de base, que era el tema del reportaje. Pero una vez que vi dónde nos ubicaron (en la grada de arriba) y cómo estaba aquello de periodistas, curiosos y niños a la caza de la foto y/o autógrafo ví que aquello sería una labor harto complicada, tirando a imposible, especialmente para un novato en esas lides periodísticas como soy yo.

José Otón (La Verdad) e Iván Gómez y Carlos Melo (Canal 7) sí intentaron la entrevista, tanto en el prepartido como en el postpartido, pero Pau Gasol no estaba por la labor y se zafó de ellos con la facilidad con la que se zafa de sus defensores. Tras el partido, en la puerta de acceso al bus de los jugadores, se podría haber intentado la caza de la foto o la frase al paso de alguno de sus compañeros, pero no me pareció que ese fuera mi papel, ni como periodista (no era momento ni lugar) ni como aficionado, pues siempre he preferido la parte deportiva a todo el tema fan (foto y autógrafo).

Al final volvimos sanos y salvos, aunque debimos sudar unos 5 litros por barba. Yo iba como si me hubiera jugado 30 minutos a pleno ritmo, sólo de la hincheta a sudar. En el viaje de vuelta los chiquillos ibán aún más revolucionados que a la ida. Tomamos un par de testimonios por el camino, le hicimos unas preguntillas a Braulio Arias (direcctor de la escuela de baloncesto de Polaris) y nos volvimos a casa sin otro de los objetivos, que era sacar alguna pista sobre posibles fichajes del primer equipo. Las únicas pistas que circularon eran pobres o antiguas (Bud Eley, e incluso la increíble de Victor Alexander), temas de los que ya hablamos hace semanas en el foro y que no aportaban nada nuevo.

En fin, que fue una experiencia interesante y hasta divertida, pese a las condiciones infrahumanas en las que tuvimos que trabajar.

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