16 feb. 2013

Microciclos, macrociclos y pijociclos

La teoría del entrenamiento físico se basa en la adecuada combinación de cargas de trabajo con periodos de descanso para lograr la mejora física. Básicamente la idea es distribuir el trabajo físico (carga) de forma que se lleve al punto de fatiga al organismo y, tras un periodo de descanso adecuado, volver al trabajo y de nuevo a un punto de fatiga, pero esta vez logrando una mayor capacidad de trabajo físico que la anterior (supercompensación). Repitiendo este proceso cíclicamente se lograría una paulatina mejora en el rendimiento físico hasta alcanzar un punto máximo u óptimo.

Todo este trabajo se basa en ciclos de diverso plazo en función del punto de vista (alternacia de trabajo y descanso) en término de horas, días, semanas o meses, de forma que se tienen en cuenta las cargas y las horas de descanso entre sesión y sesión, los días de descanso dentro de la semana y la carga de esa semana o las semanas de mayor carga o descanso dentro de los meses, pero siempre combinando esos dos factores de trabajo y descanso.

Se considera que los efectos del trabajo se ven un tiempo después, de forma que si realizamos una sucesión de sesiones de máxima carga para lograr un máximo de rendimiento físico éste se producirá aproximadamente dos semanas después de ese periodo de trabajo máximo, y siempre dejando de por medio una bajada importante de esa carga de trabajo antes de ese momento de máximo rendimiento (sin recuperación no hay supercompensación).

Dice también la teoría del entrenamiento que la carga de un entrenamiento es la combinación de dos factores: la intensidad y el volumen de trabajo, de forma que si ambos se pueden cuantificar numéricamente la carga sería el resultado de la multiplicación del volumen por la intensidad. Es decir, se puede conseguir una carga máxima acumulando mucho volumen y mucha intensidad y diversas combinaciones de carga a partir de mayor o menor intensidad y mayor o menor volumen, según lo que se persiga trabajar.

A lo largo de una temporada esos ciclos se pueden agrupar conceptualmente y recibir denominaciones como microciclo (equivalente a una semana de trabajo), mesociclo (equivalente a un mes de trabajo) o macrociclo (equivalente a una fase de la temporada, como podría ser la liga).

Según la teoría del entrenamiento, por tanto, sería posible planificar los puntos máximos de rendimiento para situarlos intencionadamente en los momentos clave de la temporada pues se supone que es imposible que todos los deportistas estén al máximo nivel todo el tiempo pues esos periodos de máximo esfuerzo se pueden mantener durante un tiempo limitado o se corre el riesgo de lesión o de hiperentrenamiento y fatiga crónica.

Dicen los teóricos de la materia (yo sé lo justo de esto) que se puede trabajar con tres o cuatro picos de rendimiento a lo largo de la temporada, normalmente sincronizados con los puntos claves que marque el calendario de competición. Así, esos picos de rendimiento vendrán precedidos de un par de semanas de trabajo muy fuerte y otra semana y media o dos más suaves.

Hasta aquí más o menos lo que dice la teoría de forma simplificada. Le he preguntado a varios entrenadores de élite al respecto de todo esto y lo que me ha dicho la mayoría encaja bastante bien con el otro concepto de ciclo de entrenamiento que acuño ahora: el pijociclo. Me explico. Salvo en los grandísimos equipos, en los que es posible jugar y ganar aún estando a medio gas (Real Madrid, Barcelona, CSKA...), o en categorías amateur o de formación donde por el nivel del equipo o lo marcado del punto clave del calendario sea posible, en profesionales el entrenador de turno no puede mirar más allá de un mes vista pues suele estar en cuatro el número de partidos de margen que marcan el estar entrenando de estar en paro. "Si pierdo cuatro partidos seguidos estoy en la calle, así que ya me dirás cómo planifico un pico de rendimiento para diciembre si para entonces estoy en el paro" o algo así me dijo alguno.

Y tiene razón, aunque la teoría del entrenamiento está muy consolidada y cierto es que todo eso de los picos se puede controlar, raramente en élite se puede planificar de verdad a ese nivel. La frase del "vamos partido a partido" pese a ser un topicazo no deja de ser la realidad cotidiana de la mayoría de equipos profesionales.

Ejemplo de planificación de una temporada en función del calendario
Sí es cierto que otros, los equipos supergrandes, se pueden permitir el lujo de planificar sus puntos de máxima forma (física al menos) en función del calendario y por ejemplo situar como picos una semana de doble partido contra rivales directos en la liga, la Copa del Rey, la Final Four de Euroliga y Play Off de la ACB.

La pregunta está clara, ¿qué pasa si tras programar un pico para la Copa del Rey ni siquiera te clasificas?. ¿O si programas para el final del play off de liga y te tiran en la primera ronda?.

Por eso digo, y no lo comenten mucho por ahí, que pese a ser una teoría cierta y con la que se puede trabajar, la mayoría de entrenadores profesionales el ciclo que suelen usar es el pijociclo y tratan de ir siempre al máximo posible ("a to pijo", o "a pijo sacao" que decimos en la huerta), lo que implica obligatoriamente bajar el pistón físico en el tramo final de la temporada.

Todo esto venía a cuento por el hecho de que la semana de la Copa del Rey el UCAM CB Murcia dio la semana entera de vacaciones a sus jugadores. El reto era que si contra Obradoiro se lograba ganar los jugadores tendrían una semana entera de vacaciones, como así fue.

Visto lo comentando al principio de esta entrada y teniendo en cuenta el momento de la temporada en el que nos encontramos parece que unos días de vacaciones, incluso una semana completa, vienen de perlas como momento de recuperación para un equipo profesional a estas alturas. Pero creo que en este tema el factor psicológico es tanto o más importante, como premio y oportunidad para desconectar unos días.

Me pregunto qué habrá pasado esa semana previa a la Copa del Rey con el resto de equipos que no se clasificaron para ella y si optaron por tomar vacaciones o no en función de la racha de resultados. Por un lado, parece claro que los que más necesitan descanso para volver ahora con más fuerza aún son los equipos que van mal en la clasificación o arrastran una mala racha. Pero al tiempo me pregunto si tendrán esos entrenadores la sangre fría suficiente para mandar de vacaciones a sus jugadores con la cantidad de cosas tácticas que habría que mejorar para conseguir ganar más partidos. Y por otro lado, qué pensaría la opinión pública (los medios de comunicación, vamos) al ver que un equipo que anda en mala racha o e el pozo de la tabla clasificatoria utiliza esa semana para descansar en lugar de para trabajar.

Y luego hay otra. El trabajo diario real. Puede estar todo perfectamente planficado a nivel de temporada, macrociclo, mesociclo y microciclo, que como al entrenador de turno hoy (o esta semana), que tocaba trabajo de mucha carga a base de intensidad, le de por pensar que no se está haciendo bien un sistema determinado y le de por parar mil veces el entrenamiento para corregir mil cosas la planificación física prevista se va a hacer puñetas. Y ni siquiera hablo de casos hipotéticos. Los hay. Entrenadores supervenerados (no diré nombres) que cuando se les cruza algo en la cabeza ya te puedes olvidar de la planficación del trabajo físico (o de la planificación en general).

En definitiva. Que la teoría está muy bien, pero en la práctica parece ser complicado lograr en el baloncesto profesional (grandes aparte) cumplir una planificación del trabajo físico a largo plazo más allá de las próximas semanas. Me estoy imaginando al entrenador en el despacho del presidente a punto de ser despedido explicando al mandamás de turno que en un mes el equipo irá como una moto pese a llevar un 0-4 en el arranque de liga.

Pues eso, que viva el pijociclo.