Mi primera técnica

Esta semana me han pitado mi primera técnica como entrenador. Como me suele pasar con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado me suelen penalizar precisamente cuando intento hacer las cosas bien. Y esta vez me pitaron la técnica por intentar evitar que nuestros jugadores protestaran a los árbitros.
En sentido estricto la técnica no sería mía, pues sería a banquillo o al entrenador principal (Julio Soler) pero el caso es que era a mí a quien miraba el señor colegiado cuando hizo el contundente y característico gesto de la T con las manos.
El caso es que antes de eso, cuando el partido contra el Sierramar de Los Alcázares lo llevábamos bien encauzado, con 23 puntos de ventaja al inicio del tercer cuarto, uno de los colegiados le señaló dos técnicas consecutivas a uno de nuestros jugadores, según explicó el propio árbitro tras el partido, por "hacer gestos menospreciativos al rival. Es un jugador muy gallito y había que bajarle los humos", dijo con todo el desparpajo del mundo el colegiado metido a enmendador de planas.
Huelga decir que esos gestos de desprecio o encaramiento a los que aludía el colegiado nadie de los presentes, rival incluido, los vio en la pista. Gestos seguro, pues se trata del jugador que posiblemente más bemoles le ponga a jugar en muchos kilómetros a la redonda y gesticular gesticula un buen montón y en todo momento, pues es puro nervio. Tras señalarle esa primera técnica el jugador dijo algo como “¡¿qué técnica?!” y le cayó la segunda sin contemplaciones. Tras estas dos técnicas nos amenazó al banquillo porque le dije algo así como “¿dos técnicas por sólo una palabra?”. Esa amenaza me hizo saltar las alarmas y convencerme de que ese árbitro estaba dispuesto a cargarse el partido por algún motivo que no alcanzaba a comprender.
Apenas unos segundos después le señaló, este mismo colegiado, una falta a otro de nuestros jugadores, quien le estaba protestando la señalización de aquella falta. En ese momento pensé que, efectivamente, sólo podíamos perder ese partido si por algún motivo dejábamos que ese colegiado, que parecía haber perdido la cabeza, nos expulsara a todos a golpe de técnica, así que le dije a nuestro jugador que se callara. Como no hacía caso tuve que pensar en algo más contundente, a la par que breve, pues a voces no puedes dar un discurso en pleno partido, y le dije a voces “calla, calla joder, calla que van a por nosotros”, frase que por lo visto no le pareció muy afortunada al señor colegiado, con lo que se acercó a mí e hizo el fatídico gesto por tercera vez en un minuto.

Pero la historia no termina aquí, y lo que siguió fue más triste. El compañero del árbitro protagonista de nuestro partido, el más novato de los dos, fue el árbitro principal en el encuentro que se jugó después, entre nuestro infantil y el de Maristas. Con la lección aprendida, este otro árbitro empleó la misma táctica que acababa de aprender, que es que la técnica es una poderosa herramienta educativa, y a base de técnicas quiso educar a Juan, técnico del Maristas, a quien yo también considero corresponsable de lo que ocurrió a continuación. En el segundo cuarto, con el marcador igualado y con los árbitros pitando de la forma habitual en estas categorías (mal, pero sin malicia), el entrenador de Maristas protestó por un par de decisiones consecutivas que no le habían gustado, con el resultado de una técnica. El colegiado entonces se vino arriba y a la siguiente apreciación del técnico, sin especial crispación ni nada, pues ala, segunda técnica y tan fresco. Lo que no sé si calibró este chico es que al pitar la segunda técnica tenía que expulsar a Juan, el técnico, que no contaba ni con ayudante ni con delegado, con lo que dejaba a su suerte a un equipo de infantiles ya desde el segundo cuarto. Como era de esperar, el partido que hasta entonces estaba igualado, e incluso con alguna ventaja para Maristas, terminó ganándolo Capuchinos de paliza.
Triste moraleja que pese a tratar de educar a los chavales para que respeten a los árbitros y les haga ver lo complicado que es pitar un partido, y que se equivocan como nosotros, y que además con la falta de árbitros terminan pitándonos colegiados muy inexpertos que se equivocan aún más de lo razonable, decía, que triste es que ellos mismos no pongan de su parte para que los demás los respetemos y estén tan equivocados de pensar que el poder absoluto del que disponen durante un partido (ni la policía tiene tanto poder como ellos durante un partido) lo utilicen para aplicar ese poder de forma brutal y conseguir lo contrario de lo que deberían y que se les pierda el respeto. Una cosa es tener poco nivel, poca experiencia y equivocarse, que es lo que intento que los chicos entiendan, acepten y respeten, y otra cosa es abusar de su poder de forma despótica para terminar cargándose partidos.
¿Pero no ven los colegiados lo fácil que es? Sólo tienen que HABLAR, explicar las cosas a jugadores y entrenadores con educación, formar a los chicos en cuestiones de reglamento, buscar el buen término de los partidos en lugar de el ser ellos los protagonistas. En los dos partidos habría bastado unas palabras para evitar problemas. En el caso del chico que supuestamente había hecho un mal gesto bastaba con decirle que si eso que había hecho era un mal gesto no se lo toleraría y lo echaría a la calle, y en el caso del segundo partido, el de los infantiles, habría bastado con acercarse al entrenador y decirle que no le obligue a echarlo y dejar sólos a los jugadores y cargarse el partido. ¿Ven qué fácil?. Por eso no me canso de felicitar en cada partido a los árbitros que se toman la molestia de intentar ayudar a los chavales, de explicarles en qué han fallado, en avisar antes de castigar. Lo hago, incluso cuando considero que sus equivocaciones nos han perjudicado, pues las asumo como algo normal, pero no entiendo que se comporten así, con ese desprecio a la gente y al baloncesto. Bueno sólo lo entendería si se trata de gente que está ahí aprovechando que con la falta de colegiados cualquiera que entra puede pitar 4-5 partidos semanales y ganarse prácticamente un sueldo a base de pitar, anque no le guste ni el baloncesto ni el arbitraje. Sólo eso explica ese tipo de comportamientos irrespetuosos hacia la gente y hacia el baloncesto.
Comentarios
Saludos
En fin! que así va el mundo! el sabado a ver quien nos viene! seguro que el mismo! xDD
Supongo que no te has molestado en leer la entrada completa, pero si lo hubieras hecho habrías visto que de lo me quejo es de cuestiones de actitud, todo eso de beneficiar a unos y perjudicar a otros en estas categorías son sandeces. Simplemente, los árbitros son malos por regla general, porque hay pocos y los ponen a pitar partidos nada más hacer los cursos. Pero eso, listo, es igual para todos los equipos, lo que no quita para que genere situaciones como las que comento (de los dos que comento, al equivocarse nos perjudicó a nosotros, aunque el partido lo ganamos sin problemas, en el segundo caso benefició a Capuchinos). No te has dado cuenta de que no hablo de corrupción sino de ACTITUD, ni siquiera me quejo de la APTITUD, sino de que a muchos se les sube a la cabeza tener un pito.
Corrupción sí hay, pero no en estas ligas menores, sino en ACB. Ahí los árbitros son parte del espectáculo, y manipulan la competición con sus actuaciones. Pero ese es otro tema. Y, querido anónimo, te invito a que te pases a vernos jugar cuando quieras y me dices en qué casos han intentado beneficiar a Capuchinos.
¡¡Qué trabajo le cuesta a algunos darse cuenta de la diferencia entre árbitros malos y árbitros que te persiguen!!. Paranoia, eso se llama paranoia. Háztelo mirar.